CAPÍTULO II La Asesina

 

sentada de nuevo en el sillón  Mientras me adormecia , imagenes en mi cabeza me  conducían al lugar donde siempre encontraba aquel chico. Era un salón ubicado en medio de un bosque oscuro con árboles altos y un silencio impenetrable, solo se escuchaba el crujir de las hojas.
decidí salir y buscar la persona que generaba esos sonidos; sabía que era el. , cuando llegue hasta unos 10 metros fuera del salón solo veia hojas por montón, pero de repente mi cabeza hacia sonidos extraños y decidí romper las hojas para calmar mi ansiedad, me senté un rato en los árboles  y   vi una silueta que se acercaba al salón, estaba mirándome. Era un hombre alto y fornido. La luz de la luna dejaba ver unos vaqueros, una camiseta ceñida a su musculoso cuerpo, su cabellera larga y sedosa.
Aunque asustada por su imponente aspecto, sentía la curiosidad por entablar una conversación y esta vez estaba dispuesta a conocer el porqué estaba aquí. Pero,  cuando iba a pronunciar el primer y último hola de la noche, el eco de un disparo estremeció mis oídos. Su cuerpo se desplomó en el suelo y una lágrima recorrió mi mejilla, quise correr hacia él y gritar -Levántate- pero, alguien irrumpió en el salón.
Era la silueta de una mujer quien en su mano derecha llevaba un arma. Usaba una blusa roja, su cabello llegaba hasta sus hombros cubriendo parte de su cara. Así que me acerque. Quería ver el rostro de la persona que lo había arrebatado de mi lado y entonces la vi. Su rostro era redondo, tenía labios carnosos, sonreía y en sus mejillas vislumbre unos peculiares hoyuelos, su nariz era redonda, con cejas finas, pestañas largas y rizadas. Finalmente vi sus ojos, dulces. Me quedé mirándola fijamente. Era yo, yo era su asesina.

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